Pueblo
Valdeavellano de Tera es la cabecera de la comarca de El Valle y La Vega Cintora, en la provincia de Soria, situada al pie de la sierra Cebollera y bañada por el río Tera, que le da nombre; tiene 222 habitantes. Entre hayas, pinos, robles y acebos, su economía gira en torno al ganado y el campo, en un territorio protegido en su totalidad por la Red Natura 2000. En su iglesia gótica de Nuestra Señora de la Paz se venera una imagen del mismo nombre que los pastores trashumantes trajeron desde Toledo, y a un kilómetro, en las estribaciones de la sierra, se halla la ermita de Nuestra Señora de las Espinillas. Su albergue juvenil, junto a la iglesia de la Soledad, lo donó una familia del pueblo que había emigrado a América.
Monumento
Templo de finales del siglo XV con estructura gótica, presidido por un retablo atribuido a Tierno el Mozo; es el edificio de mayor porte del valle y da nombre a la fiesta grande de agosto.
Curiosidad
La imagen de Nuestra Señora de la Paz que se venera en la parroquia llegó al valle de manos de los pastores trashumantes que bajaban cada otoño a los extremos, prueba del ir y venir entre la sierra y el sur.
Monumento
Se alza a un kilómetro del pueblo y debe su advocación a una aparición junto a un espino, según la tradición local; el paraje da también nombre al castro prerromano que se levanta en las inmediaciones.
Naturaleza
Recinto casi circular de la Edad del Hierro reforzado con cinco torres exteriores, romanizado más tarde; su planta se distingue todavía sobre el terreno junto a la ermita del mismo nombre.
Monumento
Casona señorial del casco antiguo, hoy reconvertida en albergue juvenil, ejemplo de las viviendas de los ganaderos ricos que la trashumancia levantó en el valle entre los siglos XVII y XIX.
Hito histórico
Ramón Benito Aceña nació en Valdeavellano de Tera el 14 de octubre de 1830, hijo de Matías Benito e Ignacia Aceña, y se graduó en Derecho en la Universidad de Madrid bajo la tutela de su tío, el catedrático Pedro Benito Campo y Golmayo. Diputado y luego senador por Soria de forma casi ininterrumpida desde 1871 hasta su muerte en 1916, financió de su bolsillo las excavaciones del yacimiento de Numancia y la construcción del Museo Numantino de Soria, así como el monumento conmemorativo del cerro de Numancia, inaugurado por Alfonso XIII en 1905. Su cercanía al presidente del Consejo de Ministros ayudó además a impulsar la llegada del ferrocarril a la provincia. Una plaza de Soria lleva hoy su nombre.
Hito histórico
Alfonso XIII inauguró en el cerro de Garray el monolito a los numantinos que había pagado Ramón Benito Aceña, hijo de Valdeavellano; el mismo mecenas vería inaugurar el Museo Numantino en septiembre de 1919.
Curiosidad
El futuro alcalde de Madrid, nacido en 1918, pasó su niñez en el pueblo del que era natural su padre; él mismo contaba que su familia llevaba siglos arraigada aquí y que la suya fue la primera generación en marcharse.
Gastronomía
Elaborada con nata de vacas frisonas y pardo alpinas, cuenta con denominación de origen protegida desde 2004 y se presenta en tres variedades: natural, salada y dulce, esta última con entre un 22 y un 26 % de azúcar.
Actividad
Cada verano el pueblo dedica unas jornadas a la mantequilla artesana con talleres, degustaciones y memoria oral de las mujeres que mantuvieron viva la elaboración a mano, batiendo la nata en odres y cazuelas.
Curiosidad
El valle rindió homenaje a los hermanos Pérez, de Navabellida, tenidos por los últimos pastores trashumantes de Soria, en un acto que subrayó el final de una economía que sostuvo estos pueblos durante siglos.
Curiosidad
El caserío mezcla la casa serrana de mampostería con muros encalados a la manera del sur, un gusto que trajeron de Extremadura y Andalucía los pastores y tratantes de ganado que invernaban allí cada año.
Actividad
El 3 de febrero se celebra San Blas en pleno invierno serrano y del 14 al 17 de agosto la Virgen y San Roque llenan el pueblo, cuando regresan las familias que emigraron a Madrid y al País Vasco.
Naturaleza
A 1.139 metros de altitud y al pie de la Sierra Cebollera, el término reúne hayedos y robledales sobre laderas suaves regadas por el Razón y el Razoncillo, un paisaje verde poco habitual en la provincia.
Hito histórico
El censo de pecheros de 1528 atribuyó a la villa ciento veintinueve unidades familiares. A mediados del siglo XIX Madoz contaba doscientas casas; hoy quedan poco más de doscientos habitantes en la capital de la comarca.
Naturaleza
Las 1.995 hectáreas del municipio están íntegramente incluidas en los espacios protegidos de las Sierras de Urbión y Cebollera. Es raro que un término completo, casco urbano aparte, quede bajo una figura de protección europea.
Naturaleza
El topónimo remite a los avellanos que crecen junto al Tera y a los arroyos Razón y Razoncillo. Con ellos comparten el fondo del valle chopos, hayas, pinos y robles, y por el monte se mueven ciervo, jabalí y conejo.
Gastronomía
En las fiestas de mediados de agosto los jóvenes preparan y reparten la caldereta, guiso de cordero cocinado al aire libre en caldero de hierro con patata, pimiento y ajo, que se come en común el día grande.
Curiosidad
Entre el pregón y los juegos, las fiestas de agosto conservan la gallofa: la cuestación casa por casa con la que los mozos reúnen dinero y viandas para costear la celebración, costumbre común a los pueblos del valle.