Pueblo
Jérica es un municipio de la comarca del Alto Palancia, en el interior de la provincia de Castellón, de origen árabe. Tiene unos 1.760 habitantes y mayoría castellanohablante. Su nombre deriva del árabe šariqa, «falda oriental de una montaña»; también se la llamó qalʿa aš-širāq, «castillo de los jerifes». Hay presencia humana desde el Neolítico y asentamientos íberos dentro del castillo, además de restos romanos, entre ellos la lápida Quintia Prova. Perteneció a la taifa de Valencia y fue conquistada por el Cid en 1098; de esa época quedan el primer cuerpo de la torre de campanas y las zonas más antiguas del castillo. La conquista cristiana llegó en 1235, y en 1255 Jaime I convirtió la villa en señorío al donarla a Teresa Gil de Vidaure. Conserva un notable museo arqueológico y etnológico.
Monumento
Museo de Jérica, en la comarca del Alto Palancia, fundado en 1946 a partir de la colección de objetos arqueológicos y etnológicos reunida por el doctor Salvador Llopis, quien la entregó al Ayuntamiento para formar sus fondos. Estuvo instalado en los bajos del edificio consistorial hasta 2014, año en que se trasladó a sus instalaciones actuales, en la calle Cuesta Zalón, junto a la iglesia de Santa Águeda, en la llamada Casa de Bru. Sus contenidos abarcan desde el Neolítico hasta la actualidad, y destaca su colección epigráfica, con lápidas funerarias romanas halladas dispersas por el término municipal. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1962 y bien de interés cultural en 2004.
Curiosidad
El topónimo de Jérica, de origen árabe, oscila entre las interpretaciones de 'ladera oriental' y 'castillo de los jeques'. La primera remite al árabe šāriqa, 'falda oriental de una montaña'; la segunda, a la variante qalʿa aš-širāq, documentada en fuentes árabes. El nombre fue evolucionando a través de las formas medievales Exerica y Xerica, recogidas en documentos del siglo XIII, Xérica en el siglo XVI y Xerica en el XVIII, hasta fijarse como Jérica ya en el siglo XIX.
Actividad
Jérica celebra a su patrona Santa Águeda el 5 de febrero, fiesta local que conmemora la reconquista de la villa por las tropas de Jaime I, y al Cristo de la Sangre el segundo miércoles de julio, tradición ligada al antiguo convento de los Capuchinos.
Monumento
Restos del castillo de Jérica, con basamentos de época romana y construcción mayoritariamente musulmana, demolido durante las Guerras Carlistas. De la época musulmana perduran el primer cuerpo de la torre de campanas y las zonas más antiguas de la fortaleza, que contaba con torreones a lo largo de su muralla. La parte mejor conservada es la torre mayor, conocida como la Torreta, de aspecto robusto, planta cuadrada y muros de más de metro y medio de espesor.
Monumento
La Torre de las Campanas de Jérica es una torre campanario mudéjar construida en 1634 sobre los restos de una construcción anterior, exenta de la iglesia a la que sirve, un rasgo poco común en la Comunitat Valenciana: es, de hecho, la única torre de este estilo en toda la región. Situada en lo alto de la localidad, se ha convertido en la imagen más característica y reconocible de Jérica.
Curiosidad
Jérica conserva el Pendón de la Conquista utilizado durante la toma de la ciudad por Jaime I en 1235, expuesto en el ayuntamiento.
Actividad
Las fiestas de la Divina Pastora de Jérica, consideradas las más populares del municipio, se celebran a lo largo de dos semanas. La primera incluye presentación de reinas, rosario, verbenas, ofrenda, variedades, cabalgata de disfraces, concierto de banda, misa, juegos infantiles, vole, bacalá y correfocs; la segunda se centra en los festejos taurinos, con entradas y exhibición de toros, toros embolados y verbenas, y culmina con el tradicional desfile de las peñas.
Hito histórico
Las huestes cristianas mandadas por Guillem de Montgrí tomaron la villa fortificada que guardaba el paso del Palancia hacia Aragón; en 1249 se otorgó carta de población para atraer colonos al término.
Gastronomía
Aceite virgen obtenido de la serrana, variedad de olivo propia de estas sierras, de aroma frutado y amargor suave; los olivares de secano del valle han dado aceite desde época medieval.